Síntesis del capítulo, Irmiahu 10

Síntesis del capítulo, Irmiahu 10

 

La grandeza de Dios y la insignificancia de los ídolos (Versículos 1-16)

Este pasaje combina fragmentos proféticos con partes de cánticos que tratan un mismo tema: aclarar la grandeza de Dios en contraste con los ídolos débiles y sin valor. El profeta llama al pueblo a no aprender de los caminos de los gentiles "No aprendan las costumbres de los paganos" ya que se trata de un camino de falsedad. Los ídolos están hechos de materiales físicos " Con plata y oro lo adornan; con clavos y martillos lo afianzan para que no se tambalee" (versículo 4). En contraste, Dios es " es el verdadero Dios; Él es el Dios vivo, y el Rey eterno. A causa de Su ira se estremece la tierra, y las naciones no pueden soportar Su indignación" (versículo 10). De manera excepcional, en esta profecía se incluye un versículo en arameo: " Así les dirán (a los idólatras): "Los dioses que no hicieron los cielos y la tierra, perecerán de sobre la tierra y de debajo de estos cielos" (versículo 11). A diferencia de los ídolos, el Señor es " el Hacedor de todas las cosas, e Israel es la tribu de Su herencia; el Señor de los ejércitos es Su Nombre (versículo 16).

El castigo desde la perspectiva de Dios, el profeta y el pueblo (Versículos 17-25)

El profeta se dirige al pueblo y les dice: "¡Recoge tu bagaje del país, oh tú que habitas en lugar asediado! (versículo 17). "Tu bagaje" se refiere a sus bienes comerciales (como en: " Fabrica sábanas, y las vende, y entrega ceñidores a los comerciantes" Mishlei, Proverbios capítulo 31, versículo 24). La razón por la que el pueblo debe recoger sus mercancías es " Porque así dice el Señor: "He aquí que esta vez arrojaré a los habitantes del país como en una honda, y los atribularé, de modo que lo sientan" (versículo 18). En respuesta a esto, la ciudad se lamenta: " ¡Ay de mí, a causa de mi quebranto! Mi herida es incurable! Mas (al principio de la calamidad) dije: "¡Ésta ciertamente es una enfermedad insignificante, y podré soportarla!" (versículo 19). El profeta responde a Ierushhalaim explicándole que el castigo viene "Porque se han entontecido (embrutecido) los pastores (de mi pueblo), pues que al Señor no han buscado; por tanto no han tenido éxito, y todo su rebaño anda disperso" (versículo 21).

Al final del capítulo, el profeta o el pueblo suplican a Dios que el castigo no sea tan severo, y que Dios desate su ira sobre las naciones y no sobre el pueblo de Israel: "Castígame, oh Señor, empero con moderación, no en Tu ira, no sea que me reduzcas a la nada!. Derrama antes Tu ardiente indignación sobre las naciones que no Te conocen, y sobre las familias que no invocan Tu Nombre; porque han devorado a Iaacov, le han devorado y consumido, y han asolado su habitación" (versículos 24-25).

 

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