En el capítulo 20, Zofar utiliza una notable riqueza poética e imágenes elocuentes —que más tarde inspirarían pasajes sobre la fugacidad humana en el célebre rezo de Rosh Hashaná y Yom Kipur, Unetaneh Tokef— para sostener que la prosperidad del malvado es tan efímera "como un sueño que se esfuma". Zofar introduce la novedosa idea de que el opresor terminará vomitando y devolviendo las riquezas mal habidas sin poder disfrutarlas. Al invitar de forma implícita a Job a mirar la realidad desde la perspectiva de la eternidad, Zofar deja entrever un sutil destello de esperanza: la justicia divina puede demorarse y parecer invisible en el presente, pero tarde o temprano llegará de manera inexorable.