Breve análisis sobre el cierre del libro y la llegada del "Día de Dios" (Yom Ado-nai). Tras el caos inicial de la guerra de Gog y Magog, el texto detalla la intervención divina directa, simbolizada en la fractura del Monte de los Olivos, para defender a Jerusalén. La profecía culmina con la derrota definitiva de la idolatría, el reconocimiento global de un Dios Único —reflejado en el rezo de Aleinu— y la transformación de Jerusalén en la capital espiritual del mundo, donde las naciones sobrevivientes celebrarán la festividad de Sucot en un marco de paz y seguridad eterna.