Volvemos al atalaya (Centinela)

Volvemos al atalaya (Centinela)

 

El fugitivo de Ierushalaim llega y la boca cerrada se abre, de ahora en adelante el profeta podrá hablar de manera libre. ¿Pero realmente cambia algo en el estilo de Yejezkel?

El capítulo 33 vuelve al final del capítulo 24 (antes de las profecías a las naciones), y tiene paralelismos con el capítulo 18 (=la retribución), y con el capítulo 3 (=el centinela). Ahora viene "el fugitivo de Ierushalaim diciendo: ha sido expugnada (conquistada) la ciudad" (capítulo 33, versículos 21-22), y ahora Dios abrió la boca del profeta, "y ya no estuve más mudo".

Es común interpretar (según el comentarista Radak, Rabí David Kimhi) que el profeta estaba impedido de reprender a sus oyentes con sus propias palabras, y de ahora en adelante podrá hablar de manera libre, pero en el estilo de Yejezkel no se ve ningún cambio. Es cierto, en los capítulos siguientes encontramos profecías de redención, que hasta ahora solo se escucharon en destellos (como: capítulo 11, versículos 17-20), pero ¿por qué las profecías de destrucción son 'boca cerrada', y las profecías de redención son 'boca abierta', cuando el estilo es similar?

Ya vimos (arriba capítulo 3) que Yejezkel no oró, ya que en Irmiahu se cerró la oración profética (que comenzó en Abraham). Pero esto tampoco cambió - la boca todavía permanece cerrada a la oración profética. También vimos que en Yejezkel no hay profecía sobre la caída de Bavel, Babilonia (y el ascenso de Persia), pero el profeta permanece 'en el exilio', y su boca permanece cerrada de decir algo contra el gobernante.

Debemos aferrarnos a la parábola del profeta-centinela desde la cima de la torre: la boca del centinela está pegada al Shofar (como una sirena de alerta), y está bloqueado de hablar, no sea que no alcance a advertir a tiempo sobre un ataque, "y viniendo la espada, arrebatare a alguno de ellos”- entonces el atalaya, el  centinela será considerado directamente responsable - "él por su iniquidad habrá sido arrebatado, mas su sangre Yo la demandaré de mano del Atalaya” (capítulo 33, versículos 6-7).

Las profecías de destrucción vinieron de boca de Yejezkel como "centinela te he puesto a la casa de Israel", y su propósito era prevenir de antemano cualquier reclamo de que 'no escuchamos advertencia y aviso' con tiempo, como el reclamo de Irmiahu en su oración (capítulo 4, versículo 10) sobre la ilusión de los profetas de 'paz' - "en tanto que la espada alcanza hasta el alma”. También la retribución en Yejezkel se explica en la parábola del centinela - si viene un ataque enemigo, y un hombre justo ignora la advertencia del centinela, no le servirán sus justicias, mientras que un malvado que sea advertido - se salvará.

Cuando se conoció en el exilio la destrucción de Ierushalaim, terminó el rol del centinela, y la boca se abrió.

Gentileza sitio 929

 

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