Un final (doloroso) para la historia

Un final (doloroso) para la historia

El descenso a Egipto constituye un acorde final difícil para la historia de la destrucción y refleja no solo el colapso del reino y la ciudad, sino también el colapso del pueblo.

Después del asesinato de Guedaliá hijo de Ajikam, y como consecuencia del hecho de que Ishmael hijo de Netaniá no establece una alternativa de liderazgo, el pueblo desea huir a Egipto "porque temían a los kasditas (caldeos)" (Melajim II, capítulo 25, versículo 26).

El descenso a Egipto representa debilidad y fragilidad política, pero parece expresar algo más grave. La Torá advierte contra el regreso a Egipto: "Ya que Hashem les había dicho a ustedes: “No volverán a regresar por el camino este, más” (Devarim, capítulo 17, versículo 16).

En Egipto los hijos de Israel se transformaron de hijos de Iaacov al pueblo de Israel: los israelitas se liberaron de la cultura idólatra egipcia y regresaron a Dios. El regreso a Egipto en los días de Irmiahu refleja no solo el colapso del reino y la ciudad, sino también el colapso del pueblo.

El pueblo que permanece en la tierra, desea descender a Egipto porque sienten que no pueden ser independientes, y desean estar bajo el dominio de una gran potencia que los proteja de los babilonios.

Aquellos que descendían debían recordar la profecía de Yeshaiahu: "¡Ay de los que bajan a Egipto por socorro, y se apoyan en caballos, y ponen su confianza en carros de guerra, porque son muchos, y en caballería, por ser muy fuerte; pero no miran al Santo de Israel, ni acuden al Señor!... Y los egipcios son hombres, y no Dios, y sus caballos carne, y no espíritu; cuando, pues, el Señor extendiere Su mano, tropezará el ayudante, y caerá el ayudado, y todos ellos perecerán juntos. Porque así me ha dicho el Señor... Como aves que vuelan (alrededor de su nido), así el Señor de los ejércitos escudará a Ierushalaim; escudando, la librará, y pasando por encima, la salvará" (Yeshaiahu, capítulo 31, versículos 1-5).

 

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