Es asombroso descubrir que después de todas las profecías de destrucción, había una única puerta de salvación para evitar la destrucción. No mediante plegarias ni milagros, sino solo a través de una rendición absoluta. ¿Habría sido capaz de ello yo, como judío-israelí?
Los príncipes y funcionarios continuaron maltratando al profeta (como en los días de Yehoiakim), y exigieron ejecutarlo, como quien destruye la moral de los soldados que luchan por la salvación de Ierushalaim (porque él exigía en nombre de Dios rendirse); el rey Tzidkiahu abandonó al profeta en manos de los ministros, "porque el rey nada puede contra vosotros" (versículo 5); Irmiahu fue arrojado al pozo de lodo para un ahogamiento lento y cruel (versículo 6), pero fue salvado gracias a "EvedMelej, el etíope " (versículos 7-13), en una operación de rescate extraordinaria;
El rey Tzidkiahu envió a buscar a Irmiahu a una de las entradas de la casa de Dios en secreto, para una consulta de emergencia final, y le suplicó "no encubras de mí nada" (versículo 14); el profeta le dijo al rey que no tenía sentido responder, porque la respuesta (¡rendirse!) traería sobre él (nuevamente) la sentencia de muerte, y de todos modos el rey no escucharía su voz (versículo 15); el rey juró en nombre de Dios "que hizo esta alma nuestra" (versículo 16), que (esta vez) el profeta no sería entregado a la muerte;
Irmiahu dijo que la única salvación para Tzidkiahu y Ierushalaim era una rendición absoluta e incondicional; el rey temía el maltrato si se rendía, y el profeta le prometió que no lo maltratarían (versículos 17-20); el rey advirtió al profeta que no revelara a nadie lo que se había hablado entre ellos, y cuando vinieran los príncipes (como sucedió) e interrogaran al profeta, les contara solo sobre su petición de mejorar las condiciones de su encarcelamiento (versículo 24-27);
El rey débil Tzidkiahu quería hacer el bien, pero fue arrastrado a la rebelión por los príncipes fanáticos; no pudo escuchar al profeta, y también trató de ocultar sus encuentros con él; es asombroso descubrir, después de todas las profecías de destrucción, que había una única puerta de salvación para evitar la destrucción. No mediante plegarias ni milagros - solo a través de una rendición absoluta.
¿Habría sido capaz de ello yo (como judío-israelí)? Nunca lloré al leer ‘Eijá’, ‘Lamentaciones' - en este capítulo no puedo evitar llorar.
Cortesía sitio 929.