"Donde no hay revelación divina, el pueblo se pone desenfrenado" (Versículo 18), dice el autor del libro de Mishlei, y expresa con ello la necesidad que el pueblo tiene de una visión. Pero ¿qué es, en realidad, una visión?
"Donde no hay revelación divina, el pueblo se pone desenfrenado, mas el que guarda la ley es feliz" (Versículo 18).
«Donde no hay revelación divina, el pueblo se pone desenfrenado» es una expresión difícil que conviene comprender. ¿Qué es la «visión» (en hebreo, jazón, la palabra que en el versículo se traduce como «revelación divina»)?
La interpretación más difundida hoy de la palabra «visión» es la de una dirección y una meta a largo plazo, una mirada y una aspiración ideal que traza al pueblo un camino hacia el futuro. «Sin visión» significa un pueblo que no tiene, ni él ni sus líderes, un plan ideal respecto del futuro. A un pueblo así le espera un destino duro: la destrucción de la sociedad y del orden de la vida.
Frente a esta interpretación, los comentaristas tradicionales del Tanaj vieron en la palabra «visión» una expresión de reproche, tal como interpretaron Rashi (acrónimo de Rabí Shlomó Itzjaki, rabino y destacado comentarista bíblico francés, 1040-1105) y otros: cuando el pueblo de Israel menospreció la ética y el reproche de sus profetas, los resultados fueron el descarrío moral y las brechas en el pueblo, hasta el exilio de su tierra.
También mi abuelo, Rabí Arié ben Tzvi Zejer Tzadik Librajá, interpretó la palabra «visión» en el sentido de reproche, de condena de las malas acciones y de advertencia previa sobre sus consecuencias. Mi abuelo se basó en una expresión paralela en el Tanaj, en el libro de Hoshea (Capítulo 12 Versículo 11): "Yo hablo a los profetas, y multiplico visiones…".
También la interpretación de la palabra «desenfrenado» (yifra) se apoya en su origen en la Torá, en el verbo «parúa» (Shemot Capítulo 32 Versículo 25): "Vio Moshé al pueblo que estaba perturbado, pues lo había perturbado Aharón, para vergüenza ante sus adversarios" —lenguaje de destrucción de las vallas morales y del orden de vida de la nación—. El final del versículo nos da el remedio para una realidad en la que no hay visión: "…mas el que guarda la ley es feliz" (Versículo 18): el hombre que guarda las palabras de la Torá, y la Torá le sirve de faro para su vida, dichoso él y bien le va.
En mi opinión, las dos interpretaciones se complementan y ambas son necesarias para la vida del pueblo y para la vida del individuo. La visión como reproche moral de los profetas es esencial para establecer un orden social sano en el pueblo, junto con la visión en su sentido de mirada de largo alcance que construye una aspiración de futuro, como en el lenguaje de los profetas: "Y será en el fin de los días". Bueno es para la nación tener una visión hacia la cual avanzar, que trace un camino y una dirección y que también preserve el orden del pueblo.
¿Y cuál es la visión del pueblo de Israel? David Ben Gurión —nuestro primer jefe de gobierno— definió la visión de la redención del pueblo de Israel según el Tanaj: "ser un pueblo libre en su patria destinada, un pueblo elegido y muy querido, luz para las naciones".
Que las palabras de la Torá y la visión de los profetas sean un faro para nuestro camino, y se cumpla en nosotros: "Bienaventurado el pueblo a quien así le sucede".
Gentileza sitio 929