La segunda visión: la visión de los cuernos y los orfebres (Versículos 1-4)
El profeta ve cuatro cuernos y pregunta al ángel: "¿Qué son éstos?". El ángel le responde: "Estos son los cuernos que dispersaron a Iehudá, a Israel y a Ierushalaim" (versículo 2). No queda claro si Zejariá vio cuernos de una bestia real, o armas de guerra utilizadas para embestir las murallas durante un asedio, simbolizadas por los cuernos. Zejariá continúa viendo cuatro orfebres —herreros del hierro—. Nuevamente Zejariá pregunta por su significado, y el ángel responde: "Aquellos son los cuernos que dispersaron a Iehudá, de modo que nadie ha podido levantar la cabeza; pero estos orfebres han venido para aterrorizarlos, para derribar los cuernos de las naciones que alzaron sus cuernos contra la tierra de Iehudá para dispersarla" (versículo 4). Las palabras del ángel son enigmáticas, pero la intención general es clara: las naciones que dañaron a Iehudá serán castigadas y dispersadas al exilio.
La tercera visión: la visión del medidor (Versículos 5-9)
El profeta ve "un hombre con un cordel de medir (herramienta antigua que consistía en una soga, cuerda o hilo para medir longitudes, terrenos y dimensiones de los objetos) en la mano" (versículo 5). En lugar de preguntarle al ángel, el profeta le pregunta directamente al hombre adónde va, y él le responde a Zejariá: "A medir a Ierushalaim para ver cuánta es su anchura y cuánta su longitud" (versículo 6). Otro ángel detiene al hombre que mide Ierushalaim y le dice que no es necesario medirla, puesto que "Sin muros será habitada Ierushalaim, a causa de la multitud de hombres y de ganado dentro de ella" (v.ersículo 8), es decir: Ierushalaim será tan grande y poderosa que no necesitará estar encerrada dentro de una muralla. Quien la protegerá será el Señor: "Y Yo seré para ella, declara el Señor, una muralla de fuego en derredor, y con gloria habitaré en medio de ella" (versículo 9).
Una profecía de redención (Versículos 10-16 )
Esta profecía interrumpe la secuencia de visiones y se divide en dos partes.
En la primera parte (10–13), el profeta llama a quienes moran en el exilio a salir de Bavel, Babilonia y ascender a Ierushalaim: "He aquí, agitaré Mi mano contra ellas, y serán despojo para sus esclavos" (versículo 13). La segunda parte (14–16) se dirige a los habitantes de Iehudá y los alienta: "Canta de júbilo y alégrate, oh hija de Tzion; porque he aquí, vengo, y habitaré en medio de ti, declara el Señor" (versículo 14). En ambas partes de la profecía, el profeta repite que el Señor lo ha enviado: "Entonces sabrán que el Señor de los Ejércitos me ha enviado" (versículo 13); "y sabrás que el Señor de los Ejércitos me ha enviado a ti" (versículo 15).