Síntesis del capítulo, Yejezkel 8

Síntesis del capítulo, Yejezkel 8

 

"En los próximos capítulos (8-11) se describe la visión del viaje de Yejezkel a Ierushalaim. Yejezkel ve en la visión los pecados de Ierushalaim, describe el abandono de la Presencia Divina (Shejiná) del Templo y de Ierushalaim, y el castigo por los pecados de Ierushalaim. En la segunda parte del capítulo 11 aparece una profecía de consuelo para los exiliados."

Apertura (versículos 1-4)

Yejezkel describe una revelación adicional: “cuando cayó sobre mí allí mismo la mano del Señor Dios. Y miré, y he aquí una semejanza como la apariencia de fuego: desde la apariencia de sus lomos para abajo era fuego; y desde sus lomos para arriba, como la apariencia de un resplandor, semejante al Jashmal (metal refulgente; o bronce; o ámbar)” (versículo 2). Esta vez el espíritu lleva a Yejezkel a Ierushalaim 'en visiones divinas', directamente a la entrada del Templo."

Descripción de los pecados en Ierushalaim (versículos 5-17)

Yejezkel ve cuatro tipos diferentes de idolatría, realizados en distintos lugares del Templo por los ancianos del pueblo (no necesariamente ocurridos en la misma época, sino a lo largo de los años): el símbolo de los celos - un ídolo (versículos 5-6), figuras en las paredes e incienso quemado ante ellas (versículos 7-13), mujeres llorando por Tamuz (versículos 14-15), y postraciones ante el sol (versículos 16-17). Cada visión ocurre en un lugar más interior y sagrado que el anterior, y cada visión es más grave que la anterior, como se enfatiza mediante la frase repetida: “Pero verás aún abominaciones más grandes que éstas” (versículos 6, 13, 15, 17).

El capítulo termina con la declaración de que las abominaciones cometidas en toda la tierra son aún más graves que las abominaciones cometidas en el Templo: “¿Es acaso cosa liviana para la casa de Iehudá el hacer las abominaciones que cometen aquí? Pues han llenado la tierra de violencia, y luego se vuelven para provocarme a ira y ¡he allí, cómo aplican el ramillete a la nariz!” (versículo 17).

 

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