En nuestro capítulo hay una profecía de calamidad sobre el fin que está destinado a llegar sobre Israel. La profecía se divide en tres partes, de modo que cada parte acerca el fin cada vez más.
El final llegará (versículos -4)
Dios proclama que “(Viene) un fin, viene el fin sobre los cuatro cabos de la tierra... Y Mi ojo no se compadecerá de ti, ni tendré piedad, porque cargaré tu conducta sobre ti, y tus abominaciones quedarán en medio de ti (sin ser perdonadas), y conocerán que Yo soy el Señor” (versículos 2-4)
El final es inminente (versículos 5-9)
En el párrafo anterior solo se informó que vendría el fin, y en este párrafo Dios ya insinúa que el fin es inminente “¡Un mal, he aquí que viene un mal! (versículo 5). Dios describe cómo volcará su furia sobre Ierushalaim “derramaré Mi indignación sobre ti; desahogaré Mi ira en ti, juzgándote conforme a tus caminos, y trayendo sobre ti todas tus abominaciones” (versículo 8).
Ya llega el día, es inminente (versículos 10-27)
En el tercer párrafo, el profeta declara que el final está llegando literalmente “hoy”: “¡Vino el tiempo; llegó el día! El comprador no se alegre, ni se duela el vendedor; porque (viene) la ira sobre toda su muchedumbre” (versículo 12). La profecía describe el castigo “¡La espada por fuera, y por dentro la peste y el hambre! El que está en el campo, a espada morirá; y el que está en la ciudad, el hambre y la peste le devorarán” (versículo 15). El enemigo heredará las casas de Israel e incluso sus santuarios. No habrá a quién acudir en busca de ayuda: “y ellos buscarán la paz, mas no la habrá... entonces buscarán visión del profeta, mas la ley se habrá ya alejado del sacerdote, y el consejo de los ancianos” (versículos 25-26). Como se repite frecuentemente en el libro de Yejezkel, el capítulo concluye con el estribillo: “y conocerán que Yo soy el Señor” (versículo 27).