El acto del cinto (Versículos 1-11)
Dios ordena a Irmiahu que compre un cinto de lino (una prenda interior o cinturón) y que no lo meta en agua. El profeta cumple con el pedido de Dios. Después de un tiempo, Dios se dirige nuevamente a Irmiahu y le ordena tomar el cinto e ir al Éufrates (probablemente el arroyo Perat en Iehudá y no el río Éufrates en la Mesopotamia), y esconder allí el cinto. Después de muchos días, Dios se dirige de nuevo al profeta y le pide que saque el cinto de aquel lugar. El profeta descubre que el cinto "estaba podrido y no servía para nada" (versículo 7). Dios le explica al profeta la parábola y le dice: " De esta manera reduciré a podredumbre la soberbia de Iehudá, y la grande soberbia de Ierushalaim... Porque del modo que se adhiere el cinto a los lomos un hombre, así hice juntar a Mí a toda la casa de Israel, y la casa de Iehudá, dice el Señor, a fin de que fuese Mi pueblo, para renombre, y para alabanza, y para gloria; mas ellos no escucharon" (versículos 8-11).
La parábola de los odres (cántaros) de vino (Versículos 12-14)
Después del acto del cinto, se presenta otra parábola, la del vino. Dios ordena al profeta decir al pueblo que "todo cántaro se llenará de vino" (versículo 12). Un cántaro, un odre es un recipiente para vino, y el propósito por el cual el profeta habla de que todo cántaro se llenará de vino es: "He aquí que voy a llenar de embriaguez a todos los habitantes de esta tierra... y a todos los moradores de Ierushalaim... no tendré piedad, ni perdonaré, ni usaré de compasión para no destruirlos" (versículos 13-14). La embriaguez representa la calamidad que vendrá sobre la tierra.
La falta de voluntad del pueblo para corregir y mejorar deriva en la destrucción (Versículos 5-27)
El profeta llama al pueblo a arrepentirse antes de que sea demasiado tarde, pero el orgullo les impide corregirse (versículos 15-17). Luego llama al rey y a la reina (=la esposa del rey o su madre) a lamentarse: "Humíllense, siéntense (en tierra), porque ha caído de vuestras cabezas, la corona de vuestra gloria" (versículo 18). La razón del luto es que Iehudá será exiliada de la tierra: "Iehudá ha sido llevada en cautiverio toda ella; ha sido llevada en cautiverio completamente” (versículo 19). Ierushalaim, que parecerá sorprendida ante el castigo, preguntará: "¿Por qué me han sucedido estas cosas?" y la respuesta es: "por la grandeza de tu iniquidad han sido descubiertas tus faldas, y violentadas las plantas de tus pies" (versículo 22). El destino de Ierushalaim está sellado: "Ésta será tu suerte, la porción señalada por Mí mismo, dice el Señor" (versículo 25) ya que Ierushalaim no es capaz de mejorar, exactamente como " ¿Puede acaso el etíope mudar su piel, o el tigre sus manchas?” (versículo 23). El pasaje termina con un grito de desesperación: "Ay de ti, oh Ierushalaim, ¿no te purificas? ¿Hasta cuándo, pues?” (versículo 27).