Responsabilidad personal

Responsabilidad personal

 

El capítulo 18 presenta una discusión explícita sobre la responsabilidad del individuo por sus actos. El argumento común entre la gente de esa generación era que si la destrucción estaba predeterminada e inevitable, entonces sus actos individuales no tenían consecuencias. El profeta sostiene que aunque la destrucción está cerca, a pesar de ello cada persona debe asumir responsabilidad por sus acciones.

Varios capítulos en Yejezkel tratan la doctrina de la retribución. La particularidad de este capítulo radica en el carácter de los pecados enumerados en él. Parece que el lugar de las injusticias sociales y morales quedó relegado a los márgenes del libro, quizás debido a la escasez de profecías que traten este tema.

El capítulo comienza con la percepción del pueblo: "Los padres comen el agraz (uvas agrias), y los dientes de los hijos sufren la dentera" (versículo 2). Y tras ella la respuesta del profeta: "El alma que pecare, esa es la que  morirá" (versículo 4). Posteriormente se detallan las acciones del justo, que incluyen la abstención de la idolatría (versículo 6), la abstención de prohibiciones en el ámbito de las relaciones entre hombre y mujer (versículo 6) y una larga lista de acciones y abstención de transgresiones en el ámbito social (versículos 7-8). En este sentido, esta lista es similar al detalle de las acciones de su hijo malvado que viene después (versículos 10-13) y así también son las acciones de su nieto justo (versículos 14-17). Tras describir las acciones atribuidas a cada una de las tres generaciones, Yejezkel enfatiza que el hijo malvado será castigado por sus actos (versículo 18) y resume con lo que abrió: "El alma que pecare, esa morirá" (versículo 20).

La unidad profética se cierra enfatizando la responsabilidad de cada persona por sus actos, durante toda su vida, mediante la referencia a una persona que cambió del camino que había comenzado a seguir; así, un malvado que se arrepiente vivirá (versículos 21-23), mientras que un justo, un Tzadik que peca será castigado (versículo 24). De la cita de las palabras del pueblo en boca del profeta: "Y diréis: No es recto el proceder del Señor" (versículo 25, 29), parece que la distinción que hace Yejezkel entre el pueblo en su conjunto –que con sus acciones causó que la destrucción del Templo y el exilio fueran decretados y sean irreversibles y ni siquiera dependan de las acciones del pueblo– y la responsabilidad del individuo por sus actos y sus consecuencias –si vivirá o morirá– no les resulta comprensible. Y por eso es enfatizada en las palabras del profeta a lo largo de todo el capítulo, varias veces.

El profeta resume su destino enfatizando que el argumento del pueblo de que el hijo muere por los pecados del padre no es correcto y que:

"El hijo no cargará con la iniquidad del padre, ni el padre cargará con la iniquidad del hijo" (versículo 20).

Editado por el equipo del sitio del Tanaj

Cortesía sitio VBM de la Academia Rabínica “Har Etzion”

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