Principios en la educación

Principios en la educación

¿Cuál es la actitud educativa del rey Shlomó, autor del libro de Mishlei? ¿Quién es, a su juicio, la fuente de autoridad en la familia? ¿Y cuáles son los medios por los que el padre transmite su fe y sus posturas a su hijo?

Dos versículos de nuestro capítulo que, sin duda, sublevarán a todo educador liberal:

"La vara y la reprensión dan sabiduría; pero el muchacho dejado a su albedrío, avergüenza a su madre" (Versículo 15).

La interpretación del versículo es inequívoca: si se reprende al hijo, si se lo golpea con la vara, terminará por dar sabiduría. Pero si el muchacho queda librado a su albedrío —anda por su propio camino sin orientación—, terminará por ser la vergüenza de su madre.

Y de nuevo repite Shlomó esta idea más adelante en el capítulo:

"Corrige a tu hijo, y te dará descanso, y proporcionará deleite a tu alma" (Versículo 17).

¿Quieres descanso para tu alma? Corrige a tu hijo.

Estos proverbios nos recuerdan las palabras agudas del capítulo 13:

"Quien detiene su vara odia a su hijo; mas el que le ama se apresura a corregirle" (Capítulo 13 Versículo 24).

Si resumimos este punto, resulta que la actitud pedocéntrica —la que ve en el niño el centro del mundo; la que da al niño libertad para determinar y decidir; la que ve en la limitación del niño un acto inmoral— esa actitud no es demasiado aceptable para el rey Shlomó. Él pondrá en la base de su educación la exigencia, el deber, la función. La vara que él agita no es necesariamente una vara física: lo opuesto de «quien detiene su vara» es «se apresura a corregirle». Es decir: quien no le hace oír al niño palabras de reprensión, ese detiene su vara. La vara no es necesariamente golpes, sino la exigencia, el deber.

¿Quién es la fuente de autoridad en la familia? Un educador moderno dirá: la razón, el acuerdo mutuo, la persuasión. Shlomó se reirá y dirá: la fuente de autoridad en la familia son el padre y la madre. Y en una serie de frases plásticas, Shlomó establece con claridad la jerarquía en la familia. Escuchemos algunas de ellas:

"Escucha a tu padre, a aquel que te engendró, y no desprecies a tu madre cuando se envejeciere" (Capítulo 23 Versículo 22).

O bien:

"Oigan, hijos, la instrucción de un padre, y presten atención para que conozcan la inteligencia, porque les doy doctrina buena; no abandonen mi enseñanza. Cuando yo era hijo tierno y único de mi padre, así como de mi madre, él me enseñaba, y me decía: «Retenga mis palabras tu corazón; cumple mis mandamientos y vivirás…»" (Capítulo 4 Versículos 1-4).

¿Y cuáles son los medios por los que el padre transmite su fe y sus posturas a su hijo?

También aquí, si le preguntamos al educador moderno cómo se educa a un muchacho para que acepte la enseñanza de su padre, dirá alarmado: sobre todo, no predicar; sobre todo, nada de adoctrinamiento. Lo mejor —te dirá el educador moderno— es presentarle al niño las dos posturas: aquella en la que tú crees y aquella en la que no crees, y dejar que el niño decida cuál de ellas le resulta aceptable.

Y el rey Shlomó se mantiene enfrente y sonríe. Él cree en el poder de la palabra, en el poder del habla. Pinta con colores espléndidos la dicha de quien elige el bien; describe con descripciones plásticas la caída del que fracasa. No deja que el oyente decida: ya ha decidido por él.

El credo educativo del rey Shlomó se basa en el deber, la autoridad y la disciplina. El padre está obligado a educar a su hijo; él es quien sabe y quien exige. Él es quien predica, y él es quien espera que sus palabras también sean aceptadas. No demasiado moderno, pero bastante convincente.

Editado por el Equipo del sitio del Tanaj

Gentileza sitio Daat

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