Palabras contundentes

Palabras contundentes

Las palabras que utiliza Mijá son escogidas con cuidado, de modo que quienes las escuchan recuerdan que sus actos de opresión constituyen una transgresión de las prohibiciones de la Torá, y comprenden que el castigo es medida por medida, en respuesta a sus acciones.

En el capítulo 2 hay tres profecías. Dos de ellas son profecías de reprensión dirigidas a los ricos que oprimen y despojan el hogar y la herencia de los débiles y pobres. La tercera es una profecía de consuelo que habla del retorno de los exiliados.

La primera profecía comienza con la palabra Ay: "¡Ay de aquellos que traman la iniquidad y obran la maldad" (versículo 1).

La palabra Ay es una expresión de dolor y lamento. Generalmente se utiliza en el duelo por un muerto. Los profetas la emplean con frecuencia en profecías de reprimenda y castigo, y constituye una especie de amenaza.

Al comienzo de la profecía el profeta habla del pecado de manera general: "que traman la iniquidad y obran la maldad sobre sus lechos..." (versículo 1), y luego especifica: "Asimismo codician campos y se apoderan de ellos; casas también, y las toman; así oprimen a uno y a sus familiares, a otro, y su herencia" (versículo 2).

El profeta describe la codicia de los ricos por la opresión y el despojo. De noche, sobre sus lechos, maquinan actos de iniquidad y maldad, y al amanecer ejecutan lo que han tramado: "Al aclararse la mañana, la ponen por obra" (versículo 1).

Transgreden el "no codiciarás"; el deseo arrastra tras de sí los actos: el robo, la apropiación por la fuerza. El profeta emplea las mismas palabras que aparecen en las prohibiciones de la Torá, evocando así en sus oyentes, de manera asociativa, la prohibición contenida en ella. La Torá dice: "No codicies la casa de tu prójimo" (Shemot, capítulo 20, versículo 14); "no codicies la casa de tu prójimo, ni su campo, ni su siervo ni su sierva, ni su buey ni su asno, ni nada de lo que es de tu prójimo" (Devarim, capítulo 5, versículo 18). Y el profeta dice: "Asimismo codician campos y se apoderan de ellos" (versículo 2); "así oprimen a uno y a sus familiares" (versículo 2).

La Torá dice: "No oprimas a tu prójimo, ni le robes" (Vaikrá, capítulo 19, versículo 13), y el profeta emplea los mismos verbos: "se apoderan", "oprimen".

Tras la descripción del pecado, el profeta describe el castigo que vendrá sobre ellos. En la descripción del castigo opera el principio de medida por medida:

Frente a "traman la iniquidad y obran la maldad" (versículo 1), se dice en el castigo: "He aquí que Yo tengo tramado contra esta familia un mal... porque el tiempo será malo" (versículo 3).

Frente a "codician campos y se apoderan de ellos" (versículo 2), dice el que entona la elegía: "a los cautivadores ha repartido nuestros campos" (versículo 4).

Y frente a "así oprimen a uno y a sus familiares, a otro, y su herencia" (versículo 2), dice el que entona el poema de lamentación: "¡Él ha permutado la porción de mi pueblo!" (versículo 4).

Frente a "casas también, y las toman" (versículo 2) — "lamentarán con tristísima lamentación" (versículo 4).

En la segunda profecía, el profeta denomina a los oprimidos y sufrientes "mi pueblo": "El que ayer era Mi pueblo se levanta (contra Mí) como enemigo" (versículo 8); "A las mujeres de Mi pueblo las arrojan" (versículo 9), con lo cual excluye, por así decirlo, a los opresores de la categoría del pueblo de Dios. Ambas profecías se dirigen a los ricos que oprimen y despojan el hogar y la herencia de los débiles y pobres.

Editado por el equipo del sitio del Tanaj.

Cortesía sitio DAAT.

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