El rey de Tzor se ve a sí mismo como un dios, reflejando la pureza y el bien; como el hombre antes de su pecado y como el Sumo Sacerdote, el Cohen Gadol, libre de pecado. Pero qué grande es la brecha entre la autoimagen y las acciones reales
El rey de Tzor, Tiro, se ve a sí mismo como un dios. En respuesta a la arrogancia del rey de Tzor, que se considera a sí mismo como dios, vendrán contra él los tiranos de las naciones, lo golpearán y lo matarán. Y el profeta se burla: "¿Porfiarás en decir: "Dios soy yo", en presencia de quien te mata? Mas tú eres hombre y no Dios, en la mano de aquel que te traspasa" (versículo 9).
Quien recuerde las imágenes de Ceaușescu siendo ejecutado, entenderá este versículo. Qué asombro había en su rostro. El hombre que se veía a sí mismo con superpoderes, todopoderoso, se encuentra de repente ante un pelotón de fusilamiento. No puede ser. Y se asombra, y ve en la realidad que le golpea el rostro una especie de evento absurdo, imaginario, imposible. Irreal.
Con el rey de Tzor hay algo más que esto. Y así se dice sobre el rey de Tzor:
"Hijo del hombre, entona una endecha (un lamento) sobre el rey de Tzor, y le dirás: Así dice el Señor Dios: ¡Tú eres el sello de perfección, lleno de sabiduría, y consumado en hermosura!En el Eden, jardín de Dios, estabas: de toda piedra preciosa era tu baldaquín: el rubí, el topacio y el diamante, y el crisólito, el ónix, el berilo y el zafiro, el carbunclo, la esmeralda y el oro...Eras como el querubín, ungido que cubría (con sus alas el arca); Yo te había colocado en el santo monte, un dios eras; en medio de piedras centelleantes como fuego te paseabas" (versículos 12-14).
La descripción es una descripción que no es de este mundo. Hay aquí una combinación de dos lugares que nos son familiares: el jardín del Edén por un lado, y la belleza del Tabernáculo por otro. ¡Las piedras que adornan al rey de Tzor son las piedras engastadas en el pectoral del Sumo Sacerdote, el Cohen Gadol! El rey de Tzor, en su arrogancia, combina ambos: el jardín del Edén de Adam antes del pecado, y la indumentaria del Cohen Gadol, elevado del pueblo, que purifica a Israel de sus pecados.
¿Y qué hace el rey de Tzor? Hay aquí un contraste terrible: el rey que refleja la pureza y el bien. El hombre antes de su pecado y el Cohen Gadol libre de pecado, este hombre es - el rey de Tzor. Y él no se comporta como aparenta ser. Profana su santuario (versículos 16-18). Y su castigo, también nos es familiar de la descripción del Tabernáculo: "por tanto he sacado fuego de en medio de ti, que te ha consumido, y te he reducido a ceniza sobre la tierra, ante los ojos de todos los que te ven". Este es el castigo de Nadav y Avihú. Ellos trajeron fuego extraño al Tabernáculo, y fuego salió de dentro de ellos y los quemó, y fueron convertidos en ceniza sobre la tierra a los ojos de todos los que los veían.
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