Irmiahu critica al pueblo por descuidar el camino del Señor, utilizando una parábola sobre una mujer que cuida su belleza pero descuida el trabajo en el campo.
El capítulo comienza con un llamado de Dios al pueblo de Israel: "Pues así dice el Señor a los hombres de Iehudá y a Ierushalaim: "Roturen el campo, y no siembren entre espinos" (versículo 3). Tienen tierra, potencial, planten árboles en ella, no siembren espinas. Sean buenos y no pequen. "No sea que salga, como fuego, Mi ira, y arda de modo que no haya quien la apague, a causa de la maldad de vuestras obras" (versículo 4) – cuando se siembran espinas, al final el fuego las consume.
Después de esta advertencia, vienen muchos versículos largos que describen lo que sucederá si el pueblo de Israel no escucha la advertencia y no se arrepiente. Sin embargo, nadie siembra espinas intencionalmente. Estas crecen cuando hay desatención, abandono.
Al final de la dolorosa descripción, encontramos una imagen del pueblo de Israel como una mujer: "Y tú, una vez desolada, ¿qué harás? Aunque te vistas de escarlata, aunque te engalanes de adornos de oro, aunque te pintes los ojos con antimonio, en vano te embellecerás, te desprecian los amantes; buscan tu vida." (versículo 30). Este versículo describe a una mujer que se preocupa por embellecerse con joyas que ella misma ha creado, pero olvida cuidar la tierra que Dios ha creado, es decir, guardar Sus mandamientos. El capítulo llama al pueblo de Israel a abandonar la preocupación por sí mismos y servir a Dios, utilizando el contraste entre la "tierra" natural y las "joyas" artificiales.
Los referentes que escriben en esta sección son miembros de la organización NAJAT, jóvenes amantes del Tanaj, un Centro de Estudios del Tanaj para la Juventud.