Las palabras de Irmiahu en nuestro capítulo: " Vuestras iniquidades han desviado estas cosas, y vuestros pecados los han privado del bien" (versículo 25) enseñan lo que lleva a la protección y bendición de Dios. No es la Mezuzá la que protege la casa, ni el templo de Dios lo que protege al pueblo, sino las acciones del ser humano.
"Vuestras iniquidades han desviado estas cosas, y vuestros pecados los han privado del bien" (versículo 25). Irmiahu y sus compañeros profetas lucharon incansablemente contra la tendencia humana de buscar seguridad en lo que está fuera del ser humano. En objetos, en el culto, en los edificios. " No confíen en las palabras mentirosas, que dicen: "¡El templo del Señor, el templo del Señor, el templo del Señor son éstos (edificios!") " (capítulo 7, versículo 4). ¿En qué sí debe confiar el hombre? En sus buenas acciones.
Este enfrentamiento también lo encontramos en el Midrash de Jazal, nuestros Sabios de Bendita Memoria, donde se presenta a la Mezuzá, que últimamente ha cobrado relevancia en los escenarios, como una especie de apoyo simbólico. La interpretación se basa en los versículos del libro de Shemot. A los israelitas se les ordena colocar sangre en las jambas de la puerta: "y pasará Hashem para dañar a Egipto y verá la sangre sobre el dintel y sobre las dos jambas y salteará Hashem sobre la puerta y no permitirá al destructor entrar en vuestras casas para dañar" (Shemot, capítulo 12, versículo 23).
Aquí, el Midrash reflexiona sobre la relación entre las acciones externas, como la aplicación de sangre, y la salvación frente a las adversidades: "Y pasará Hashem - ¿no es esto una inferencia lógica? Si la sangre del cordero de Egipto, que es algo simple y que solo es por un momento, no se practica de día ni de noche, y no se practica para siempre, se dice de ella: 'Y no permitirá el destructor' (Shemot, capítulo 12, versículo 23), la Mezuzá, que es algo más importante, que contiene diez nombres especiales, que se practica de día y de noche, y que es para siempre, ¿cuánto más no permitirá el destructor? Pero, ¿quién lo causó? Nuestros pecados, como se dice: “Vuestras iniquidades han desviado estas cosas, y vuestros pecados los han privado del bien" (Irmiahu capítulo 5, versículo 25), y está escrito: “Porque vuestras iniquidades han hecho separación entre vosotros y vuestro Dios, y vuestros pecados han hecho que él se oculte de vosotros para no oír” (Yeshaiahu capítulo 59, versículo 2)" (Mejilta de Rabí Ishmael, Parashat Bo).El Midrash plantea la pregunta: si la sangre pudo proteger al pueblo de Israel del destructor, ¿por qué la Mezuzá no lo logra? La pregunta del Midrash revela la mentalidad con la que se enfrenta el predicador: la expectativa de que la Mezuzá en la puerta de la casa sirva como un amuleto que proteja a sus habitantes. El predicador rechaza esta expectativa y cita las palabras de Irmiahu: "Vuestras iniquidades han desviado estas cosas, y vuestros pecados los han privado del bien" (versículo 25). La Mezuzá no puede proteger si los habitantes de la casa están llenos de pecados. O en otras palabras, no es la Mezuzá la que protege el hogar, sino las acciones de los que viven en ella.
Los profetas llaman a cuidar a los pobres que deambulan por las calles, a asegurar un techo para los indigentes. Solo entonces podrán vivir tranquilos en sus casas. Y si no lo hacen, ni mil besos a la Mezuzá habrán de ayudar.
Cortesía sitio 929.