Los enemigos del hombre son los de su misma casa

Los enemigos del hombre son los de su misma casa

Cuando la sociedad está corrompida y no se puede confiar en los seres humanos, no queda más que esperar en el Señor.

La primera profecía del capítulo 7 habla de la corrupción de la sociedad israelita. El profeta se lamenta por el estado de la sociedad, como si el asunto le afectara personalmente:

"¡Ay de mí, porque soy como cuando se han recogido las frutas de verano, como rebuscos, después de la vendimia; no hay racimo que comer, ni fruto precoz que tanto desea mi alma" (versículo 1).

El profeta se compara a un hombre que va al final del verano, deseando comer un higo, buscando si acaso quedaron higos en el árbol —higos que generalmente no son recogidos— pero no encuentra ninguno. Compara la ausencia de justicia e integridad en su sociedad con el hambre del hombre que busca frutos en el viñedo después de la vendimia y no encuentra. Intenta encontrar aunque sea un solo justo, pero no hay ningún justo en la tierra. "El hombre piadoso ha perecido de la tierra, y no hay ya recto entre los hombres" (versículo  2).

En cambio, describe lo que sí encontró en la sociedad: "todos acechan la sangre, caza cada cual a su hermano con una red" (versículo 2). El profeta describe la corrupción de los hombres del poder: "el príncipe pide, y el juez decide por cohecho" (versículo 3) — los ministros y los jueces piden soborno. Pero esta reprimenda de Mijá no está dirigida únicamente a los ricos del pueblo y a los gobernantes, sino a todo el pueblo. El cuadro que pinta el profeta es sumamente sombrío. Describe la degeneración social. No se puede confiar ni en los amigos ni en los familiares. El profeta se dirige a sus oyentes con un llamado:

"No confíen en compañero, ni se fíen del amigo; de la que duerme en tu seno, guarda las confidencias de tu boca. Porque el hijo desprecia al padre, la hija se levanta contra su madre, la nuera contra la suegra; y los enemigos del hombre son los de su misma casa" (versículos  5-6).

Toda la sociedad está ocupada en acechar sangre inocente y en cazar a los que no tienen culpa: "caza cada cual a su hermano con una red" (versículo 2). La palabra "red" aquí se refiere a una red de pesca, y es paralela a la caza.

También el profeta Irmiahu se dirigió a sus contemporáneos con un llamado similar: "Cuídese cada uno de su prójimo, y ninguno confíe en su hermano; porque todo hermano seguramente engañará, y todo prójimo andará chismeando. Engañan cada cual a su prójimo, y no dicen la verdad; han avezado su lengua a hablar mentiras; han agotado sus fuerzas con sus iniquidades.... Su lengua es flecha mortífera, habla engaño: con su boca habla paz a su prójimo, mas en su interior le pone acechanza" (Irmiahu, capítulo 9, versículos 3-7).

En tal estado de cosas, cuando la sociedad está corrompida y no se puede confiar en los seres humanos, no queda más que esperar en el Señor. El profeta concluye su lamento expresando su confianza en el Señor:

"Yo, no obstante, miraré hacia el Señor, esperaré en el Dios de mi salvación: me oirá el Dios mío" (versículo 7).

La plegaria al Señor es fuente de aliento y alegría para quien ora.

Editado por el equipo del sitio del Tanaj.

Cortesía sitio Daat.

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