En el mes de Av del sexto año, al cumplirse dos años de la profecía falsa y violenta, y cuando la profecía de redención de Jananiá se demostró falsa, Yejezkel proclama en la palabra de Dios lo completamente opuesto a la redención que "vio" Jananiá: ¡Ha llegado el fin!
Es difícil ignorar el gran número de énfasis en nuestra profecía sobre que la destrucción ya no es una visión para días lejanos, sino una declaración presente para el día cercano.
"(Viene) un fin, viene el fin... Ahora mismo viene el fin sobre ti... ¡Un fin viene, viene el fin!, se ha despertado contra ti;, he aquí que viene... Viene para ti el turno, oh habitante de la tierra! Viene el tiempo, cercano está el día... Ahora, muy en breve, derramaré Mi indignación sobre ti...He aquí el día, he aquí que viene... ¡Vino el tiempo; llegó el día! (versículos 2-12)
¿Qué es este día, el día que anuncia el fin? Solo podemos especular. Yejezkel abre sus profecías el 5 de Tamuz en el quinto año de Tzidkiahu: "Y aconteció que a los treinta años (del hallazgo del rollo de la ley en el reinado de Yoshiahu), en el mes cuarto, al cinco del mes, estando yo en medio de los cautivos, junto al río Kvar... A los cinco del mes, que fue en el año quinto de la deportación del rey Yehoiajín" (capítulo 1, versículos 1-2). Su profecía en el capítulo 8, que continúa directamente la profecía de apertura sobre la partida de la Shejiná del Templo, es en Elul del sexto año: "Y aconteció que en el año sexto, en el sexto mes, a cinco del mes (capítulo 8, versículo 1).
La profecía del capítulo 7 puede corresponder aproximadamente al quinto mes, el mes de Av del sexto año, pocas semanas antes de la profecía de la partida de la Shejiná en el capítulo 8. En este mes se cumplieron dos años de la profecía de Jananiá el hijo de Azur, el falso profeta de Guivón, que quebró ante los ojos de todo el pueblo el yugo del cuello de Irmiahu, yugo que advertía al rey Tzidkiahu y al pueblo que aceptaran el decreto de Dios de someterse al rey de Bavel, Babilonia durante setenta años, y no rebelarse contra él:
"Y aconteció en aquel mismo año. al principio del reinado de Tzidkiahu, rey de Iehudá, en el año cuarto, en el mes quinto, que Jananiá, hijo de Azur, el profeta, que era de Guivón, me habló en la casa del Señor, en presencia de los sacerdotes y de todo el pueblo, diciendo: Así habla el Señor de los ejércitos, el Dios de Israel, diciendo: "Yo rompo el yugo del rey de Bavel. Dentro de dos años cumplidos haré volver a este lugar todos los utensilios de la casa del Señor que Nevujadnetzar, rey de Bavel, quitó de este lugar, y los llevó a Bavel. También haré volver a este lugar a Yejoniá, hijo de Yehoiakim, rey de Iehudá, y a todos los cautivos de Iehudá que se han ido a Bavel, dice el Señor, porque Yo romperé el yugo del rey de Bavel...Entonces Jananiá, el profeta, tomó el yugo de sobre el cuello del profeta Irmiá, y lo rompió. Y habló Jananiá en presencia de todo el pueblo, diciendo: "Así dice el Señor: De esta manera, dentro de dos años cumplidos, romperé el yugo de Nevujadnetzar, rey de Bavel, de sobre el cuello de todas las naciones." Y el profeta Irmiá se fue por su camino" (Irmiahu, capítulo 28, versículos 1-11).
Al quebrar el yugo y con el silencio (aparentemente por orden de Dios) de Irmiahu que lo acompañó, Jananiá hijo de Azur inclinó el corazón del pueblo tras Tzidkiahu que se rebela contra el rey de Bavel, quebranta su juramento a Nevujadnetzar y se rebela también contra el decreto de Dios y el castigo impuesto sobre Ierushalaim. En el mes de Av del sexto año, al cumplirse dos años de la profecía falsa y violenta, y cuando la profecía de redención de Jananiá se demostró falsa, Yejezkel proclama en la palabra de Dios lo completamente opuesto a la redención que "vio" Jananiá: ¡Ha llegado el fin!
Ahora todos verán cómo el decreto de Dios por los pecados de Israel y su falta de arrepentimiento hacia Dios, no solo no fue cambiado por la profecía de Jananiá, sino que se va cumpliendo. Con todo el dolor, y cuando los caminos del arrepentimiento no se realizaron, la palabra de nuestro Dios permanece para siempre.