
"He aquí que eres hermosa, compañera mía": Alabanza del hombre a la mujer (versículos 1-7)
En este cántico, el hombre describe las partes del cuerpo de la mujer y la alaba. Al principio describe su cabello: "Tu cabello es como un rebaño de cabras que descienden del monte Guilad" (v. 1), y luego sus dientes: "Tus dientes son como un rebaño de ovejas esquiladas que suben del lavadero, todas ellas emparejadas, y ninguna de ellas ha perdido su cría" (v. 2); sus labios: "Como hilo de escarlata son tus labios" (v. 3); su cuello: "Como la torre de David es tu cuello, edificada para arsenal" (v. 4); sus pechos: "Tus dos pechos son como dos cervatillos, mellizos de gacela, que pacen entre los lirios" (v. 5), y concluye: "Toda tú eres hermosa, compañera mía, y no hay defecto en ti" (v. 7).
"Conmigo desde el Levanón, novia, conmigo desde el Levanón vendrás": Alabanza del hombre a la mujer (versículos 8-11)
También este cántico, como el anterior, es un cántico de alabanza a la mujer. Al comienzo del cántico, las descripciones provienen del mundo de las montañas: "Conmigo desde el Levanón, novia, conmigo desde el Levanón vendrás; mirarás desde la cumbre de Amaná, desde la cumbre de Senir y Jermón, desde las guaridas de los leones, desde los montes de los leopardos" (v. 8), y cuando el hombre pasa a describir las partes de su cuerpo, vuelve a otras descripciones. El cántico finaliza con una comparación al monte Levanón: "Y el aroma de tus vestidos es como el aroma del Levanón" (v. 11).
"Venga mi amado a su jardín": Salida al jardín (versículos 12-16)
El cántico se abre con la afirmación: "Jardín cerrado eres, hermana mía, novia; fuente cerrada, manantial sellado" (v. 12), que compara la relación entre el hombre y la mujer, o a la mujer misma, pero poco a poco el jardín se abre, hasta que finalmente: "¡Despierta, viento del norte, y ven, viento del sur! Sopla en mi jardín, que fluyan sus aromas. Venga mi amado a su jardín y coma de sus frutos exquisitos" (v. 16).