En vísperas de la destrucción profetizan dos profetas: Yejezekel en Bavel, Babilonia e Irmiahu en Ierushalaim. Ambos contemplan con terror el futuro. Ambos ven la tierra de Israel cambiando de dueños: en lugar de agricultores judíos, la tierra es entregada a extranjeros. Y ambos se refieren a este triste fenómeno. Pero cada uno desde su punto de vista particular.
La tierra es la fuente de vida del pueblo, y no se vende tierra sin necesidad existencial. Así se describe en el libro Vaikrá el proceso de venta de tierras: "Cuando se empobreciere tu hermano y vendiere parte de su posesión, vendrá su redentor -el cercano a él- y habrá de redimir la venta de su hermano" (Vaikrá, capítulo 25, versículo 25)
El vendedor vende porque es pobre y no tiene capacidad de subsistir. Su redentor - su pariente - está obligado a ayudarle a redimir el campo de manos del comprador. Notemos el hermoso concepto que usa la Torá: el redentor no compra de nuevo, no anula la venta. El redentor - redime el campo. Un campo que no está en manos de sus dueños es un campo esclavizado. Cuando vuelve a sus dueños - es redimido. Y no en vano fue la definición de adquisición de tierras en la Tierra de Israel "redención de tierras", y el lema "redención darán a la tierra".
En vísperas de la destrucción profetizan dos profetas: Yejezekel en Bavel e Irmiahu en Ierushalaim. Ambos contemplan con terror el futuro. Ambos ven la tierra de Israel cambiando de dueños: en lugar de agricultores judíos, la tierra es entregada a extranjeros. Y ambos se refieren a este triste fenómeno.
Yejezekel es el profeta de la desesperación, y así dice en nuestro capítulo: "¡Vino el tiempo; llegó el día! El comprador no se alegre, ni se duela (lamente) el vendedor; porque (viene) la ira sobre toda su muchedumbre. Porque el vendedor no volverá (en el jubileo) a lo vendido, ni aun cuando quedare con vida; porque la visión contra toda su muchedumbre no volverá vacía, y cada uno, a causa de su pecado, su alma no se fortalecerá" (versículos 12-13)
Ha llegado el día. Y ahora, se han invertido las leyes del comercio: "el comprador no se alegre ni se duela (lamente) el vendedor". Un hombre vendió su campo - y que no se lamente. Porque no hay valor en los campos. Tampoco espere nada bueno: "porque el vendedor no volverá a lo vendido ni aun cuando quedare con vida ". No hay posibilidad de que el vendedor vuelva a su campo. No habrá redentor. No habrá redención.
Y en contraste, en Ierushalaim, se encuentra Irmiahu el profeta en la prisión, y allí viene su tío a venderle un campo en Anatot, que ya había sido conquistado por los caldeos (Irmiahu 32). Irmiahu está en Ierushalaim, ve la destrucción, y continúa siendo profeta del consuelo. Compra un campo en un lugar que ya está bajo el dominio de los enemigos de Israel. Y guarda la escritura de compra por muchos días, porque planea materializar la compra, a pesar de las difíciles condiciones en las que se encuentra.
Mientras que Yejezekel, desde la distancia, ya no ve esperanza: "el vendedor no volverá a lo vendido ni aun cuando quedare con vida " (versículo 13). Y solo más tarde se anima también Yejezekel, y pasa a profecías de consuelo para el pueblo al que la destrucción acecha cada día.
Editado por el equipo del sitio del Tanaj.
Cortesía sitio DAAT.