En el capítulo 4 de la Megilát Ester, la reina se entera del decreto de exterminio contra los judíos gracias a Mardoqueo, ya que ella vivía aislada en el harén real. Mardoqueo la persuade de actuar con una advertencia trascendental: la liberación de los judíos llegará de un modo u otro, pero su posición en el trono no es una casualidad, sino el propósito divino para esta crisis. Esther asume el riesgo y, antes de presentarse ante el rey sin ser llamada, ordena a Mardoqueo: "Anda, junta a todos los judíos", instituyendo un ayuno colectivo de tres días. Este mandato de unión comunitaria actúa como el antídoto místico contra la descripción que Amán había hecho de los judíos en el capítulo anterior como un pueblo "esparcido y disperso"; Esther comprende que la vulnerabilidad del exilio radicaba en la división, y que la fuerza espiritual de la teshuvá (arrepentimiento) y las súplicas coordinadas de un pueblo unificado serían la clave para revertir el decreto y lograr la salvación.