En el capítulo 3 de la Megilát Ester, la presentación formal de Amán como "el agaguita" y la de Mardoqueo en el capítulo previo como "benjamita" (descendiente de Kish, padre del rey Saúl) no son casuales. La Megilá posiciona a ambos personajes como herederos de un histórico conflicto cósmico y teológico: la guerra santa encomendada por Dios al rey Saúl contra Agag, monarca de Amalec, con la orden de destrucción absoluta para erradicar su peligro latente. Al apiadarse Saúl de Agag y retener parte del botín, no solo perdió su dinastía, sino que permitió que en ese breve lapso el rey amalecita engendrara descendencia, de la cual provendría Amán siglos más tarde con su plan de exterminio judío. Así, el relato sitúa a Mardoqueo y a Ester ante una oportunidad de tikún (reparación mística y espiritual): enmendar el error de su antepasado Saúl, vencer finalmente a Amalec y consolidar la salvación definitiva de su pueblo.