El ruido que hace el enemigo, y el eco y trascendencia que le damos a este ruido, asustan aún más que el enemigo mismo. El enemigo siembra en nosotros miedo y desesperanza. Nos hace abandonar los espacios abiertos y encerrarnos. Y por ello perdemos la batalla incluso antes de que haya comenzado. Sin embargo, el profeta abre una puerta - incluso tal quiebra y destrucción no son definitivas. Es posible volver a crecer desde el principio.
El miedo surge no solo por el enemigo mismo, sino ya por los rumores sobre él: "Hemos oído la fama de ellos, y se debilitaron nuestras manos. La angustia se apoderó de nosotros, y dolores como de la parturienta" (capítulo 6, versículo 24), y más tarde surge el miedo por la trompeta que anuncia la llegada del enemigo: "¡Mis entrañas!, ¡mis entrañas!, me tiemblan las paredes de mi corazón; se me conmueve mi corazón, no callaré, porque has oído sonido de trompeta, oh alma mía, alarma de guerra" (capítulo 4, versículo 19). La llegada del enemigo no solo trae miedo por las posibles consecuencias, ya causa duelo y lamento antes de tiempo - duelo por resultados que aún no se ven realmente - "¡Oh hija de Mi pueblo, cíñete de saco, y revuélcate en la ceniza!, haz por ti misma llanto, como por un hijo único, amarguísima lamentación!, porque vendrá súbitamente el devastador sobre nosotros" (capítulo 6, versículo 26).
El profeta omite la descripción de la guerra misma. Y de hecho da la impresión de que no hubo guerra: viene un enemigo terrible y temible, el miedo hacia él es grande, el enemigo impone un sitio - y a consecuencia de ello vienen los resultados: "y convirtieron su tierra en una desolación: sus ciudades han sido quemadas; quedan sin habitante" (capítulo 2, versículo 15). Hay en esto una ejecución exacta de los planes del enemigo "para convertir tu tierra en una desolación: tus ciudades serán asoladas, hasta quedar sin habitante" (capítulo 4, versículo 7), y así como la llegada del enemigo fue repentina (capítulo 6, versículo 26), los resultados son repentinos: "Destrucción sobre destrucción se suceden; porque toda la tierra es dada a saco; súbitamente han sido saqueadas mis tiendas, en un momento mis cortinas" (capítulo 4, versículo 20).
Y la destrucción es grande: "Miro hacia la tierra, y he aquí que está desolada y vacía; también hacia los cielos (miro), mas no hay luz en ellos. Miro las montañas, y he aquí que están temblando, y todas las colinas se conmueven. Miro, y he aquí que no parece hombre alguno, y todas las aves del cielo se han fugado. Miro, y he aquí el Carmel un desierto, y todas sus ciudades derribadas por el Señor, a causa del ardor de Su ira" (capítulo 4, versículos 23-26). El único sentido que funciona es la vista, no hay vida, no hay movimiento, no hay sonido. Mientras que durante la llegada del enemigo leímos sobre movimiento rápido: "He aquí que como nubes subirá (el asolador), y como torbellino, sus carros de guerra; más ligeros que las águilas son sus caballos" (capítulo 4, versículo 13), el sentido del oído funciona en toda su fuerza: "Hagan mención (de ello) a las naciones (las tribus de Israel), anuncien a Ierushalaim, que vienen sitiadores de una tierra lejana, y harán resonar su voz contra las ciudades de Iehudá" (capítulo 4, versículo 16).
La descripción de la destrucción detalla la catástrofe: "Y consumirá tu cosecha y tu pan; consumirá a tus hijos y a tus hijas; consumirá tu ganado menor y mayor; consumirá tu viña y tu higuera; y destruirá a espada tus ciudades fortificadas, en las cuales tú pones tu confianza" (capítulo 5, versículo 17). Sin embargo, el profeta abre una puerta, la catástrofe no es absoluta "Mas ni aun en aquellos días, dice el Señor, haré en vosotros un exterminio completo" (capítulo 5, versículo 18).
(Editado por el equipo del sitio del Tanaj, extraído del libro “Davar Ejad MiDvareja”)
Rabi Tzví Iehudá Kuk - El Rabino Tzví Iehudá HaCohen Kuk (1891-1982), hijo y discípulo del Rabino Abraham Itzjak HaCohen Kuk, fue director de la Ieshivá Mercaz HaRav y uno de los líderes espirituales más destacados del sionismo religioso. Se dedicó extensamente al estudio del Tanaj, la fe y la redención en el espíritu de las enseñanzas de su padre.