Analizamos el inicio del discurso de Elifaz (capítulo 4 de Job), quien intenta responder al lamento de Job defendiendo la doctrina tradicional de la retribución divina: que Dios es justo, premia al bueno y castiga solo al que lo merece, sugiriendo que Job debe tener algún defecto oculto. Sin embargo, el texto destaca la severa crítica del Talmud (Tratado de Babá Metziá) hacia esta postura, clasificando las palabras de Elifaz como onaat debarim (fraude verbal). Se concluye que usar la teología o la filosofía para justificar el dolor de alguien que padece una desgracia es una crueldad que solo aumenta su sufrimiento, señalando que lo único que realmente se necesita en esos momentos es empatía, silencio y compañía.