El banquete del rey Asuero en el primer capítulo de la Megilát Ester revestía una gravedad teológica extrema para los judíos que participaron en él, yendo más allá de las faltas de recato o de kosher. Basándose en interpretaciones erróneas de la profecía de Jeremías sobre el retorno tras 70 años de exilio, Asuero creía que el plazo había vencido y celebraba el supuesto fracaso del Dios de Israel; para demostrarlo, profanó los utensilios sagrados del Templo de Jerusalén (klei haMikdash), aludidos en el texto como "vasos diferentes" (ve-kelím mi-kelím shoním). Así, al asistir a la fiesta, los judíos de Shushán no solo validaron la burla del monarca, sino que negaron implícitamente la providencia divina y participaron en la celebración de la destrucción de su propio santuario.