El ayuno no es la pregunta principal

El ayuno no es la pregunta principal

En las palabras del profeta no hay una respuesta clara a la pregunta sobre los ayunos, y esta es la respuesta más profunda: no hay que ocuparse de preguntas de importancia secundaria, como los ayunos, mientras que las preguntas morales primarias aún no han encontrado su solución.

En la base de los capítulos 7-8 de Zejariá se encuentra la pregunta que fue dirigida al profeta: ¿Acaso debe continuarse con la tradición de los ayunos aun después de la renovación del servicio del Templo?

Sin embargo, es sorprendente que el profeta no tenga una respuesta clara. En lugar de una respuesta práctica, el profeta aprovecha esta oportunidad para una reprimenda moral. Zejariá detalla en su profecía-respuesta las causas históricas que condujeron a la destrucción y, consiguientemente, al ayuno: "Pero ellos rehusaron escuchar... entonces vino una gran furia de parte del Señor de los ejércitos... y la tierra fue desolada tras ellos" (capítulo 7, versículos 11-14). Escuchamos también palabras de consuelo sobre la gloria futura de Ierushalaim, pero en todo ello no hay respuesta a la delegación que pregunta: "¿Debemos llorar en el mes quinto?" (capítulo 7, versículo 3).

Aquí se nos presenta el problema de la moral y el culto en toda su agudeza. Según la fe israelita, el culto no es un favor del hombre hacia el Creador, sino un favor del Creador hacia el hombre; de ello resulta que el ayuno no es por el bien del Creador: "Cuando ayunaban y se lamentaban en el quinto y el séptimo mes durante estos setenta años, ¿Acaso tiene que ver conmigo el ayuno? Y cuando comen y beben, ¿Acaso no comen y beben para ustedes mismos?" (capítulo 7, versículos 5-6).

En los capítulos 7-8 el profeta trata sobre el ayuno, sobre la verdad y la paz, sobre el consuelo de Ierushalaim, sobre la construcción del Templo y sobre el reconocimiento de Dios por parte de los pueblos. Dicho de otro modo: el hecho mismo de incluir el sermón sobre la fundación del lugar del Templo para el culto entre los sermones morales, y como respuesta a una pregunta cultual (relativa al culto), enseña que en el pensamiento del profeta no hay asuntos principales y secundarios. Sin embargo, en sus palabras sí hay un orden de precedencia. Los actos cultuales son deseables únicamente si previamente los preceden los actos morales apropiados.

Quizás en el hecho mismo de que no haya una respuesta clara en las palabras del profeta a la pregunta sobre los ayunos se encuentre la respuesta más profunda. No hay que ocuparse de preguntas de importancia secundaria mientras que preguntas primarias aún no han encontrado su solución. La verdad, el juicio de paz, el odio al mal y el alejamiento del juramento falso — todos estos son condiciones primarias para los actos que son deseados ante Dios.

Mientras estos no hayan sido rectificados, no hay lugar para tratar la pregunta sobre el ayuno. Y aun el cierre de esta profecía puede interpretarse de varias maneras: "El ayuno del cuarto mes, el ayuno del quinto mes, el ayuno del séptimo mes y el ayuno del décimo mes se convertirán para la casa de Iehudá en gozo, alegría y fiestas alegres; Amen, pues, la verdad y la paz" (capítulo 8, versículo 19). ¿Serán las festividades alegres una respuesta, con la condición de que se preserven la verdad y la paz? ¿Continuará el ayuno también en el presente, mientras tanto se debe cuidar la verdad y la paz, y entonces en el futuro los ayunos se convertirán en buenas festividades? — Todo esto permanece oscuro, queriendo decir: todo es secundario frente al principal requerimiento de Dios.

Editado por el equipo del sitio del Tanaj

Extraído de la serie “Iyunim bePirkei HaMikrá”, que fue emitida por Kol Israel

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