La obediencia de Yejezkel a Dios se expresa en su disposición a hacer todo lo que Dios le diga, pero con el entendimiento de que él es un instrumento en las manos del cielo, donde a veces la elección le es quitada.
El pueblo que está en Bavel, Babilonia, que aparentemente está destinado a rechazar escuchar la palabra del profeta, es llamado por Dios "casa rebelde". Yejezkel es ordenado a decir la palabra de Dios aunque no le escuchen, para que cuando venga el fugitivo que anuncie la destrucción, sepan que verdaderamente hubo entre ellos un profeta verdadero.
Yejezkel debe servir como ejemplo y ser mejor que el pueblo: "No seas tú rebelde como esa casa rebelde; abre tu boca y come lo que yo te doy" (versículo 8)
¿Qué significa no ser como la casa rebelde? De manera simple, significa que debe hacer la palabra de Dios y no rebelarse. Y parece que en el caso de Yejezkel se trata de una tarea difícil.
A lo largo del libro vemos que Yejezkiel debe enfrentarse a métodos proféticos no convencionales:
Por un lado, Yejezkel es manejado por Dios sin elección - el espíritu lo pone en pie (2:2 y también 3:24) y lo transporta (3:12 y también 8:3), Dios pone sobre él cuerdas, pega su lengua al paladar, abre su boca (3:25-27) y más. Él es pasivo y controlado, sin elección. Por otro lado, Dios le ordena realizar muchas acciones y diversos actos simbólicos extraños y muy complicados como " Y como torta de cebada lo comerás, y con excrementos humanos sea cocida delante de sus ojos” (capítulo 4, versículos 12-15) y enfrentar con indiferencia la muerte de su esposa (cap. 24).
La obediencia de Yejezkel a Dios se expresa en su disposición a hacer todo lo que Dios le diga, pero con el entendimiento de que él es un instrumento en las manos del cielo, donde a veces la elección le es quitada.
Cuando venga el fugitivo y anuncie el cumplimiento de las profecías de Yejezkel, él será prueba de que "ha habido un profeta entre ellos" (capítulo 33, versículo 33). Y las acciones del profeta servirán como ejemplo al pueblo, para el servicio a Dios y la aceptación de Su autoridad, que se expresa en dos ámbitos:
Deben guardar Sus mandamientos sin cuestionamiento, y deben aceptar el hecho de que su situación no depende de su voluntad sino del control de Dios, e incluso su redención vendrá a pesar de ellos: "Con mano fuerte y brazo extendido y con indignación derramada" (capítulo 20, versículo 34).
Los referentes que escriben en esta sección son miembros de la organización “NAJAT”-Jóvenes amantes del Tanaj, Centro de Estudios del Tanaj para la Juventud.