Comienza la función

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Los profetas y los Cohanim, los sacerdotes del Beit HaMikdash, el Gran Templo se abalanzan sobre Irmiahu y casi lo linchan. Pero afortunadamente hay jueces en Ierushalaim. Los príncipes, representantes del poder establecido, se sientan en sus lugares, y la representación, perdón, el juicio, comienza.

Unos doscientos años antes de que los ciudadanos de Atenas sometieran a Sócrates a juicio por corromper a la juventud y sembrar desmoralización, los profetas y Cohanim los sacerdotes del templo se abalanzaron sobre este profeta irritante, Irmiahu, y casi lo lincharon. Afortunadamente hay jueces en Ierushalaim: "Y cuando los príncipes de Iehudá oyeron estas cosas, subieron de la casa del rey a la casa del Señor, y se sentaron a la entrada de la puerta Nueva (de la casa) del Señor" (versículo 10). Así pues, los príncipes, representantes del poder establecido, se sientan en sus lugares, y la representación, perdón, el juicio, comienza.

En apariencia hay aquí un protocolo ordenado. Primero los Cohanim, los sacerdotes y profetas presentan sus argumentos de acusación ante los príncipes; después Irmiahu presenta sus propios argumentos; los príncipes tienden a aceptar las palabras de Irmiahu. Pero cada vez que se mencionan los príncipes, se menciona también con ellos "el pueblo", ese mismo pueblo del que antes se dijo "Y se congregó todo el pueblo contra Irmiahu en la casa del Señor" (versículo 9).

Después de esta serie de intercambios de palabras se levantan los ancianos, cuya voz hasta ahora no se había escuchado: "Y ciertos hombres de los ancianos de la tierra se pusieron en pie y hablaron a toda la asamblea del pueblo, diciendo" (versículo 17); ellos traen un precedente, el de Mijá el Morashita (de Moreshet), contemporáneo de Yeshaiahu y Yejezkel, que profetizó de manera similar a Irmiahu y no fue ejecutado (la cita que traen en su nombre en el versículo 18 efectivamente se encuentra en el libro Mijá de los doce profetas menores: " Por tanto, a causa de vosotros, Tzión será arada como un campo, y Ierushalaim vendrá a ser montón de ruinas, y el monte del templo, como altos cubiertos de bosque"; Mijá, capítulo 3, versículo 12). Nuevamente, aparentemente un procedimiento judicial ordenado; pero ¿dónde desaparecieron los príncipes?

Y no solo eso, sino que el siguiente "precedente" traído aquí, como si fuera en continuación de los argumentos de los ancianos, es un precedente opuesto: Uriá hijo de Shmaiá de Kiriat Yearim que fue ejecutado por Yehoiakim. Es claro que no fueron los ancianos quienes trajeron el segundo precedente, y por tanto en realidad no es un precedente en absoluto, sino como una especie de información que se infiltra en el texto - o en el salón - y despierta nuevamente el tumulto; y es claro que mientras más avanzamos dentro del capítulo, la atmósfera de juicio ordenado que aparentemente reinaba al principio va cediendo su lugar nuevamente a los gritos de la calle, al dominio de la muchedumbre, a la atmósfera de anarquía, a la simulación colectiva de todos los hijos de esa época, y si no fuera por Ajikam hijo de Shafán que salvó a Irmiau, el asunto habría terminado en linchamiento.

¿Acaso la profecía de Irmiahu en este capítulo no es sino su profecía del capítulo 7?: "¿Hurtan, matan y cometen adulterio, juran en falso y queman incienso a Báal, y andan tras otros dioses que no conocen; y luego vienen y se ponen delante de Mí, en esta casa que es llamada de Mi Nombre, y dicen: "Ya somos librados"; para seguir practicando todas esas abominaciones?” (Capítulo 7, versículos 9-10); todo es hipocresía, todo es globo, todo es aferrarse a instituciones que ya se han vaciado completamente de su contenido. Y ante nuestros ojos demuestran en el mismo lugar los príncipes de Iehudá, sus Cohanim, sacerdotes, sus profetas y sus ancianos, ese mismo globo. Como si fuera un juicio, como si fuera orden, como si fuera justicia, pero en realidad, todos se mienten unos a otros. Y principalmente se mienten a sí mismos.

Gentileza sitio 929

 

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