¿Quién es digno de escuchar una profecía?

¿Quién es digno de escuchar una profecía?

Incluso para aquellos que sabían que Yejezkel era un profeta verdadero y venían a él para escuchar sus profecías, no se les concedería la profecía verdadera que buscaban, y esto debido a sus acciones.

Para recibir la profecía otorgada por Dios hay dos condiciones: La primera y trivial es no dejarse seducir por los falsos profetas. La segunda, que surge de la descripción del acto en el capítulo, es que quienes buscan la profecía deben acudir al profeta verdadero con las manos limpias, y no mientras siguen practicando paralelamente la idolatría.

"Entonces se me dirigió la palabra del Señor, diciendo: Hijo del hombre, estos hombres han erigido sus ídolos en sus corazones, y han puesto el tropiezo de su iniquidad delante de su rostro; ¿y acaso he de ser Yo consultado en manera alguna por ellos?” (versículos 2-3)

Es decir: ¿por qué habrían de merecer estos que practican la idolatría recibir las palabras de Dios? Pero no salen impunes sin nada, y reciben palabras de reprensión por sus acciones:

" Por tanto, háblales, y les dirás: Así dice el Señor Dios: Cada hombre de la casa de Israel que erigiere sus ídolos en su corazón, y pusiere el tropiezo de su iniquidad delante de su rostro, y viniere al profeta, Yo, el Señor, le responderé en ello conforme la multitud de sus ídolos, a fin de prender (tomar) a la casa de Israel en (el error de) su mismo corazón; por cuanto todos ellos se han separado de Mí, por medio de sus ídolos" (versículos 4-5).

Sin embargo, de manera única y excepcional en el libro de Yejezekel, el profeta les llama al arrepentimiento, quizás porque vinieron a recibir la palabra de Dios de boca del profeta:

"Por tanto, di a la casa de Israel: Así dice el Señor Dios: ¡Vuelvan, y conviértanse de vuestros ídolos, y aparten vuestro rostro de todas vuestras abominaciones!" (versículo 6).

Ahora se describe el castigo de aquellos que vienen a consultar a Dios mientras practican la idolatría:

"Y pondré Mi rostro contra ese hombre, y haré que sea un asombro, para que sirva de escarmiento y de refrán y le extirparé de en medio de Mi pueblo, y conocerán que Yo soy el Señor" (versículo 8).

Su castigo es severo y similar al castigo de los falsos profetas: exterminio de en medio del pueblo, y también de esto se puede entender la gravedad de este acto de los ancianos.

Editado por el equipo del sitio del Tanaj

Cortesía VBM de la Academia Rabínica “Har Etzion”

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