¿Demasiado íntimo o demasiado difícil?

¿Demasiado íntimo o demasiado difícil?

La Obra del Carro (Maasé HaMerkavá) es muy especial, y no todos pueden estudiarla, tanto por temor a errores de comprensión, como porque expresa una relación íntima entre el profeta y Dios, que no todos son dignos de experimentar.

"No se debe enseñar sobre el Carro a una sola persona, a menos que sea Sabio y comprenda por sí mismo" (Jaguigá 2a)

Existe una corriente que sostiene que la Obra del Carro fue prohibida en el estudio debido a su profundidad y la dificultad para comprenderla, así como por el gran precio de un error en un tema tan sensible. El principal exponente de esta postura es Maimónides.

Por el contrario, de las palabras del Talmud se puede entender que el problema principal no es el temor al error, sino la modestia requerida debido a la intimidad singular del tema, que trata sobre visiones divinas. Por ello se prohibió todo estudio que no fuera íntimo, y por tanto está prohibido enseñar a más de un estudiante, incluso si hay varios estudiantes que cumplen los requisitos del aprendizaje (que son Sabios que comprenden por sí mismos y ya han superado las etapas más tempranas del estudio teórico). Solo se les debe enseñar en privado y por capítulos principales, y esto debido al daño a la intimidad y no por el peligro del error.

Se puede decir que el debate en torno a la razón de la prohibición también refleja concepciones más básicas respecto al carácter de la revelación y la naturaleza de la visión humana que la contempla.

Una propuesta ve al profeta como un siervo amado del rey, que recibe el permiso para entrar tras bambalinas y ver cosas ocultas a los ojos de otros. El afecto hacia él como siervo especial a quien se revelan los secretos refleja la fe y el amor de Dios hacia él, dispuesto a permitirle esa mirada ("se abrieron los cielos"; Yejezkel capítulo 1, versículo 1) tras el velo debido a la cercanía entre ellos.

La opinión contraria concibe la visión del Carro como la revelación del poder divino impresionante ante el hombre que viene al palacio como visitante. No hay aquí temor por revelar cosas íntimas que no están destinadas a ojos extraños, pues todo el propósito de la visión es impresionar al observador. El espectador no es visto como uno de los habitantes del palacio, sino como un huésped que debe impresionarse con la grandeza del Rey de reyes, y por tanto el temor no es por la propia revelación de cosas que deberían estar cubiertas, sino por la incomprensión de la situación y los graves errores que resultarían de ello.

Según las palabras del Talmud, parece que hay que adoptar ambos enfoques: tanto el de Maimónides que teme el error y por ello requiere personas dignas, como el que sostiene la necesidad de ocultar el asunto y por tanto el estudio se hace solo en privado.

Editado por el equipo del sitio del Tanaj.

Cortesía sitio VBM de la Academia Rabínica “Har Etzion”.

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