¡Señoras y señores, un cambio!

¡Señoras y señores, un cambio!

El enfrentamiento entre Iehudá y Iosef que se inicia en el libro Bereshit  (Génesis), fue definido con el nombramiento de Yehoshua a favor de Iosef. Pero parece ser que en el libro Yehoshua comienza el cambio, en el cual la tribu de Iehudá es descripta de un modo más positivo como promotora de las conquistas, a diferencia de los hijos de Iosef, aparentemente un tanto más perezosos para esa tarea.

El enfrentamiento entre Iehudá y Iosef comienza en el libro Bereshit y se extiende a lo largo de toda la Torá.

Al parecer, la Torá definió que Iosef es la tribu que lidera al ser designado precisamente Yehoshua-de la tribu de Efraim- para suceder a Moshé y liderar al pueblo e ingresarlo a la tierra. Una evidencia adicional de la elección de Iosef es la bendición de gran abundancia que Iosef tuvo el mérito de recibir en la Parashá (sección) de Vezot Haberajá (cinco versículos), a diferencia de la bendición más acotada (un versículo) que le fuera dada a Iehudá.

Ahora, en la sección del asentamiento del libro Yehoshua, descubrimos una vez más, que Iosef y Iehudá  son las tribus dominantes. Sólo ellas reciben la heredad destinada para ellas, y solamente ambas tribus intentan conquistarlas (Capítulos 14-17), a diferencia de las otras tribus que ni siquiera se movilizaban para llegar a sus heredades: “Mas habían quedado siete tribus entre los hijos de Israel, a las cuales no habían repartido su posesión aun” (Capítulo 18, versículo 2). Y más aún, tanto en la tribu de Iehudá como en la de Iosef hay una representación femenina que lucha por recibir una parte de la heredad-Ajsá, la hija de Caleb le exige a su padre una heredad (Capítulo 15, versículos 16-19), y las hijas de Tzelofjad de la tribu de Menashé vienen para recibir lo que Moshé les había prometido (Capítulo 17, versículos 3-4), pero en esos capítulos también queda expuesta la brecha existente entre Iosef y Iehudá. Así fue citado acerca de Yehoshua: “Yehoshua era anciano, avanzado en años, y le dijo el Eterno a él: Tú has envejecido, y estás avanzado en años, y aún queda mucha tierra por conquistar” (Capítulo 13, versículo 1). Yehoshua ya era anciano y no puede continuar con la movida del asentamiento.

En contraste, Caleb-de la misma edad que Yehoshua-se describe a sí mismo de la siguiente manera: “Todavía hoy soy tan fuerte como cuando me envió Moshé, tal como era fuerte entonces, así lo soy ahora, tanto para la guerra, para dirigir o para liderar” (Capítulo 14, versículo 11). Caleb aún se siente fuerte como en su juventud y le pide permiso a Yehoshua para conquistar Hebrón.

Asimismo, los hijos de la tribu de Iehudá se dirigen a Yehoshua y le solicitan que sea definida para ellos una heredad a fin de que puedan conquistarla. (Capítulo 14, versículo 6). Mientras que en alusión a las tribus de Iosef, el texto señala “Y la suerte de los hijos de Yosef salió” (Capítulo 16, versículo 1)-una descripción pasiva, acerca de la recepción de la tierra sin solicitud alguna. Los hijos de Iosef también se quejan por la dimensión de su heredad (Capítulo 17, versículos 14-18)-una queja infundada, ya que ellos han recibido una superficie enorme-y resulta que su reclamo está basado en el hecho de que su heredad es difícil de conquistar, debido a que hay en ella un área extensa de bosques y habitan en ella los kenaanim contra los cuales se debe luchar.

Por consiguiente, parece ser que en el libro Yehoshua comienza el cambio, en el cual la tribu de Iehudá es descripta de un modo más positivo que la tribu de Iosef. Este cambio llegará a su punto culminante, sólo en el libro Shmuel, cuando la monarquía pasará de Shaúl a David y su casa.

Editado por el equipo del sitio del Tanaj.

Gentileza del sitio VBM de la Academia Rabínica “Har Etzion”.

 

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