El cuarto capítulo de Ezrá relata cómo las poblaciones locales, de origen asirio, ofrecieron cooperar en la reconstrucción del Templo, propuesta que fue rechazada categóricamente por Zorobabel y los líderes retornados de Babilonia, lo que desató una campaña de hostilidad diplomática que pospuso la obra por años. Aunque el ofrecimiento parecía genuino y despierta la duda de por qué el texto los tilda de "enemigos", la clave de este rechazo se halla en el Segundo Libro de Reyes (capítulo 17), donde se explica que estos pueblos practicaban un sincretismo religioso: adoraban al Dios de Israel pero continuaban sirviendo a sus propios ídolos paganos. Para los líderes de Judea, asimilar este sincretismo en el nuevo santuario habría corrompido la pureza de la fe monoteísta exclusiva que buscaban restablecer en la era del Segundo Templo, justificando así el rechazo de una alianza que ponía en riesgo la esencia misma de su identidad espiritual.