¡¡Tiempo de hablar!!

¡¡Tiempo de hablar!!

¿Cuál fue la raíz del pecado de los hermanos? ¿Cómo es que alcanzaron tal nivel de odio? Este relato nos alecciona acerca de la necesidad de una comunicación abierta que no es “guardada en el estómago”, a fin de que el enojo y los miedos no pierdan proporción.

 

Sobre el versículo “los hermanos comenzaron a odiarlo, no podían hablarle apaciblemente” (Capítulo 37, versículo 4), el comentarista Rashi señala citando el Midrash de Jaza”l (Nuestros Sabios de Bendita Memoria): “A partir de su reproche descubrimos lo que los destacaba, no tenían un doble discurso”, es decir, que no simulaban amarlo y hablaban con él apaciblemente de la boca para afuera.

De aquí inferimos: que es precisamente el “derecho a guardar silencio” que se auto adjudicaron los hermanos de Iosef lo que causó la terrible crisis en la familia de Iaacov. Los hermanos ignoraron otra interpretación de una jurisprudencia religiosa, la cual impone hablar y no callar: “No odies a tu hermano en tu corazón. Debes reprender a tu prójimo y no cargues una falta por él” (Vaikra, capítulo 19, versículo 17).

 

La profundidad literal del texto bíblico en este versículo es: si tu amigo te hizo daño y te provocó humillación y pesar “No odies…en tu corazón”, y guardes “en el estómago” la crítica hacia él, sino “Debes reprender a tu prójimo”, habla con él abiertamente y repréndelo por su conducta contigo, y de todos modos, existe una probabilidad de blanquear los puntos  y corregirlos. Entonces, de todos modos, será modificada también la crisis de relación entre ellos “y no cargues una falta por él”, el pecado del odio en el corazón.

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Si los hermanos se hubieran comportado de este modo y lo hubieran reprendido a Iosef en su cara seguramente hubieran descubierto que los actos de juventud de Iosef y la maledicencia contra su padre son fruto de la etapa de la juventud y no surgen a partir de su voluntadde transformarse en acosador de sus hermanos e instalar el odio entre ellos y su padre.

Mas ellos “ no podían hablarle apaciblemente” (Versículo 4) (y la imaginación de ellos hizo “horas extra” para pintar dibujos de pesadillas y retratar su imagen ante sus propios ojos, como una víctima que se halla impotente frente a un hermano arrogante que urde un plan para ser el heredero electo y quitarlos de su camino.

El estruendoso silencio de los hermanos transformó el mutismo (“Ilamot”) en violencia (“Alimut”) y derivó en el estallido de un odio ciego. Si tan sólo hubieran sabido “hablarle apaciblemente”, hubieran logrado prestar atención y escuchar la voz de Iosef, quien estaba llamándolos desde lejos: “Estoy buscando a mis hermanos” (Versículo 16).

 

Editado por el equipo del sitio del Tanaj de la serie "Meat min Haor", publicada por la Biblioteca Beit El con la colaboración de la organización "Orot"

 

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