En el capítulo 11, Yejezkel enfrenta concepciones erróneas del pueblo que habita en Ierushalaim.
“Esta es la olla y nosotros la carne” (Versículos 1-13)
El espíritu transporta a Yejezkel a la puerta del templo del Señor, “y he aquí... veinticinco hombres, en medio de quienes vi a Yaazaniá, hijo de Azur, y a Platiahu, hijo de Benaiahu, príncipes del pueblo” (versículo 1).
Dios explica al profeta que esos hombres son de los que “maquinan la maldad, y que dan el mal consejo en esta ciudad” (versículo 2).
Estas personas piensan que Ierushalaim es la olla y ellos son la carne. Esta parábola puede interpretarse de varias maneras.
Una interpretación es que la ciudad fortificada contiene “la mejor carne”, por lo tanto, los habitantes de Ierushalaim —que se consideran lo mejor del pueblo— no sufrirán castigo.
Otra posibilidad es la idea de que la ciudad de Ierushalaim protegerá a quienes viven en ella.
Frente a esta idea equivocada, el profeta afirma que ocurrirá exactamente lo contrario:
“Y los haré sacar de en medio de ella... a espada caerán... en los confines de Israel Yo los juzgaré... no les servirá de olla, ni ustedes serán la carne en medio de ella...” (versículos 9–11).
Los habitantes de Ierushalaim no están protegidos, y Dios hará justicia con ellos.
Mientras Yejezkel profetizaba, Platiahu hijo de Benaiahu murió.
Entonces el profeta cayó sobre su rostro y clamó:
“¡Ah, Señor Dios! ¿Tú vas a acabar con el remanente de Israel?” (versículo 13).
“A nosotros nos es dada esta tierra para posesión nuestra” (Versículos 14-21)
Otro pensamiento equivocado de los habitantes de Ierushalaim era que “a nosotros nos es dada esta tierra para posesión nuestra” (versículo 15).
Pero Yejezkel aclara que Dios no ha abandonado a los exiliados, sino todo lo contrario:
“Aunque Yo los he alejado entre las naciones, y aunque los he dispersado por las tierras, sin embargo, Yo les era pequeño santuario en medio de las tierras adonde ellos se han ido. Yo los juntaré de entre los pueblos, y los recogeré de entre los países, por donde han sido dispersados, y les daré la tierra de Israel ” (versículos 16–17).
Los exiliados que regresen a Ierushalaim la purificarán de sus pecados:
“Y Yo les daré un solo corazón, y un nuevo espíritu pondré dentro de ellos, y quitaré el corazón de piedra de en medio de su carne, y les daré un corazón de carne” (versículo 19).
El regreso del profeta al exilio (Versículos 22-25)
De nuevo los querubines levantan sus alas, y aquí concluye el viaje de Yejezkel a Ierushalaim en la visión divina.
El espíritu transporta a Yejezkel de regreso a Bavel, Babilonia,
“Y dije a los de la cautividad todas las cosas que el Señor me había hecho ver (versículo 25).